Opinión Bruce Springsteen – Wrecking Ball por Santiago Iglesias

Me pide mi buen amigo Carlos Ramírez que le haga un comentario sobre el recién estrenado nuevo disco de Bruce Springsteen, “Wrecking Ball”, y así lo hago.

Lo tengo desde hace escasos días pero, cierto es que le he dado ya un montón de vueltas y tengo un criterio más o menos claro de lo que para mi, y esto es muy personal -evidentemente- ofrece este trabajo.

Es una entrega que no se sale en absoluto del guión que siempre ha marcado su estilo musical, a excepción de Nebraska y “The ghost of Tom Joad”, concebidos en un tono más acústico e íntimo, casi narrados en voz baja, o The Seeger Sessions de versiones con un marcado estilo folk y de raíces.

Las letras versan en su mayoría sobre temas políticos, posicionándose claramente de parte de los humillados y afectados por las crisis, políticas, económicas o de cualquier tipo. ¿Cuánta verdad hay en esto, cuánta sinceridad? Sólo él sabe, y cuando es un claro motor de sus composiciones, algo o mucho de veracidad habrá que otorgarle. Hay referencias bíblicas, quizá dejando ver sus arraigadas tradiciones cristianas, pero salpicadas de un tono humanista que busca la justicia social más que el adoctrinamiento religioso.

Musicalmente aporta la calidad que siempre tienen sus discos, acabados perfectamente y con unos recursos instrumentales y de grabación envidiables. El hecho de que no se salga estrepitosamente de un guión continuísta no le resta un ápice de calidad.

Nada más darle al Play nos encontramos con una canción We take care of our own llena de fuerza, puro Boss, haciendo eso que tanto le representa: crear un himno, un alegato. No en vano le han hecho primer single.

La segunda y tercera canción, Easy money y Shackled and Down nos presentan una idea más folk, igualmente potentes, en las que aparecen los violines y guitarras acústicas como elementos principales, arropados por toda una batería de instrumentación de gran fuerza rítmica.

En el cuarto corte, Jack of All Trades, nos deja el primer remanso del disco; es un tema de fácil escucha, tranquilo, sosegado, como dando un respiro a lo anterior y a lo que vendrá más tarde. Es una especie de declaración de principios.

Le sigue Death to My Hometown, sobre la que no me pronuncio porque me resulta difícil encontrar el motivo por el que aparece en el disco; para mi es una pequeña bajada de intensidad, pero ojo,  seguramente es un asunto de gusto personal.

Después The Depression, con un Springsteen roto, a corazón abierto, apoyado en una guitarra desgarradora llena de efectos con ecos agónicos que parecieran empatizar con el estado anímico del compositor, bien sustentada por un colchón de guitarras acústicas. Una de las mejores, sin duda.

Y llega Wrecking Ball, que da título al disco y en la que vuelve el Boss en estado puro, con fuerza y contundencia.

You’ve Got It es rock, clásico, del de antes; base rítmica pura, machacona, y en esa sencillez radica su grandeza.

Continúa con la que reconozco como obra principal del disco: Rocky Ground. Tintes gospel, voces maravillosas. Es sofisticada, con una Michele Moore increíble, pinceladas de esperanza en las letras (there`s a new day coming). La he saboreado con auriculares y confieso que esa atmósfera te puede llevar lejos, todo lo lejos que con los ojos cerrados le permitas a tu espíritu hacer. Mi preferida, sin duda.

Qué hay en el tema 10, Land of Hope and Dreams? Pues Clarence Clemmons, y ahí está dicho todo.

La 11, 12 y 13 son canciones acústicas, cada una en su propio estilo. La más desnuda, Swallowed Up  en la línea del precioso e irrepetible antes citado “Nebraska” que alguien me regaló hace tiempo de manera acertada.

La última, America Land, contiene una riqueza instrumental un poco más alejada de la ortodoxia rock para flirtear descaradamente con etiquetas folk/celta.

Un disco recomendable, sin duda; quizá no el mejor suyo, pero es obvio porque lo mejor ya lo hizo y en repetidas ocasiones tiempo atrás; no es “The River”, “Born to run” o “Tunnel of Love” pero ofrece un ramillete de buenas canciones que requieren atención para poder desengranar la infinidad de detalles musicales y literarios que llevan dentro.

Hoy en día, es un lujo recibir estas dosis de acordes.

Salud. Paz.

Santiago Iglesias

www.santiagoiglesias.es