La renuncia de Su Santidad

La renuncia de Su Santidad puede convertirse sin lugar a dudas en la noticia del año, pese a ser un periodo cargado de noticias, no tanto por su transcendencia y repercusión, hay millones de católicos en el mundo, como por lo inusual del hecho que se pierde en la memoria de la historia, en 1294 Celestino V renunció tras declararse sin experiencia en el manejo de los asuntos de la Iglesia, retirándose para dedicarse a la oración y sacrificio.

En esta época tan turbulenta llena de sobresaltos y corrupción en los ámbitos económicos y políticos es de agradecer que alguien que se siente sin fuerzas, ánimo o vitalidad para representar tan alta jefatura asuma públicamente esta decisión. No olvidemos que el Pontífice además de Santo Padre es la máxima autoridad del Estado Vaticano una institución que si bien no tiene el poder que ostento en el pasado sigue siendo un árbitro decisivo en la escena internacional y por lo tanto al margen de máximo representante de la iglesia católica también es un alto dignatario político.

Las causas de esta renuncia pueden ser múltiples y los expertos las han ido desgranando una a una -banco ambrosiano, abusos de menores, complicidades ocultas, irresolubles enfrentamientos y contradicciones ideológicas con la alta jerarquía eclesial, enfermedad, cansancio, fatiga, vejez…- pero en cualquier caso sea cual fuera el motivo último de su renuncia (solo él, su conciencia y acaso Dios conocerán la autentica razón) es un hecho que le honra y dignifica en estos tiempos en los que los poderosos se aferran a sus cargos y poltronas a costa de todo, contra viento y marea, pase lo que pase y ocurra lo que ocurra, su renuncia le dota a él mismo y la institución que representa de la dosis mínima de honradez, integridad y humanidad exigible a cualquier cargo público con alta representación institucional.

No sé si su decisión servirá de ejemplo a otros para asumir con la misma tranquilidad y valentía una decisión de tan hondo calado, ojala sea así, tampoco sé si servirá para introducir en la curia vaticana y su doctrina los cambios necesarios e imprescindibles para acercar a la institución eclesiástica a la realidad del momento de la que sin lugar a dudas esta enormemente alejada pero creo firmemente que su ejemplo no será baldío y espero no pase demasiado tiempo para que podamos comprobarlo, que así sea, amen.

Carlos Ramírez