Valladolid y la problemática de los conciertos y la música en directo.

De un tiempo a esta parte se está produciendo en Valladolid un fenómeno cuando menos curioso, sorprendente e inquietante.
Varios bares y salas que programan música en directo muchas veces de bandas locales, algunas de ellas nuevas que tienen así la oportunidad de darse a conocer y difundir su música entre sus seguidores y aficionados en general, ven como por efecto de una denuncia, presuntamente anónima, los conciertos son suspendidos de forma inmediata y reiterada, con el prejuicio que ello supone para su local dado que muchas veces esta suspensión viene unida a una denuncia que en base a una normativa autonómica sobre espectáculos en directo acarrea un multa económica desorbitada que pone en riesgo la subsistencia del local y los puestos de trabajo que genera.
Han sido muchos los locales denunciados, a los que no quiero citar para no perjudicarles por si acoso esa denuncia ha quedado en mero aviso y no se ha tramitado, locales por todos conocidos que al programar un concierto no buscan un lucro económico dado que en la mayoría de los casos el acceso es libre y el pequeño cache del grupo se abona a duras penas con los exiguos ingresos generados por las consumiciones de los clientes durante la duración el concierto.
Por otra parte los conciertos programados, muchos de ellos muy interesantes, suelen ser para un público minoritario y especializado que puede llegar a congregar en el supuesto más optimista a no más de 200 o 250 personas y que suponen para la ciudad una alternativa musical y cultural generando la oportunidad de asistir a conciertos al margen de la programación institucional y de las grandes salas, hecho que considero altamente positivo para los propios grupos, los aficionados, la música y la cultura en Valladolid.
El ambiente esta tan enrarecido con este tema que los locales han decidido no quedarse de brazos cruzados y preparan reuniones y acciones encaminadas a buscar una solución razonable a esta situación. Asimismo los músicos y grupos han creado una plataforma que ayer tuvo su primera reunión en aras de manifestar su más profundo rechazo a esta situación que sin lugar a dudas supone un grave perjuicio.
El hecho es que parece ser que son pocas las salas que cumplen estrictamente la citada normativa de la Junta de Castilla y León, pero lo que no parece compresible es que esas normas en principio pensadas para grandes espectáculos se apliquen con toda su rigurosidad en este tipo de conciertos, menos aun en esta época de profunda crisis económica.
Esperemos que esta situación llegue a buen puerto por el bien de la dinamización de la vida cultural de la ciudad siempre importante.

Carlos Ramírez