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Londres 2012 ¿de verdad pervive el espíritu Olímpico?

Los Juegos Olímpicos de la era moderna nacieron desde la aristocracia destinados a una élite minoritaria pero con una vocación de crecimiento y desarrollo desde la máxima de la participación y no tanto de la competitividad como elemento esencial de la práctica deportiva.

El deporte en general y el Olimpismo en particular, sobre todo tras las dos grandes Guerras del siglo XX vino a sustituir el enfrentamiento  en los campos de batalla por la confrontación dentro de las máximas de la deportividad en los estadios, entre personas, países y territorios.

De hecho el olimpismo en sus orígenes modernos era un lugar de encuentro y refugio para deportistas y países, en los que los más pequeños podían competir con los gigantes deportivos y dónde tenían acogida desde apátridas a territorios colonizados o con aspiraciones de competir bajo una propia bandera, aunque no fuesen Estados reconocidos por la ONU. Todas estas situaciones anómalas tenían cabida dentro de la gran alma olímpica como símbolo de confraternidad entre pueblos y personas.

Pero poco a poco estos valores encomiables se fueron perdiendo y el movimiento Olímpico se convirtió ante todo en una gran oportunidad económica para muchos especuladores comerciales ajenos totalmente al ámbito deportivo que poco a poco ha ido desvirtuando este hálito de deportividad hasta dejarlo raquítico, en los mismísimos  huesos.

Como aficionado a los deportes estoy siguiendo con interés las distintas pruebas de esta autentica fiesta del deporte y estoy escuchando, con asombro contenido, los comentarios de los distintos periodistas desplazados a Londres en los que prima el interés supremo por la victoria de los deportistas de la delegación española, aunque sea de manera injusta e incluso antideportiva la consigna para estos profesionales de la palabra es; ganar no participar, alejándose años luz del espíritu con el que nacieron los Juegos. He citado los medios españoles porque lógicamente es los que sigo, pero supongo que este hecho es extensible de forma mimética al resto de profesionales de los medios desplazados hasta la capital británica.

Por eso me asombro de que algunos medios de comunicación pongan el grito en el cielo por las actitudes totalmente ajenas al deporte que mostraron varios componentes de la rojita cuando veían que eran incapaces de siquiera empatar con la débil Honduras, cuando son ellos los que desde sus altavoces lanzan proclamas y soflamas  que suenan más a tambores de guerra que a briznas de deportividad para  avivar, siquiera ligeramente, la casi extinguida llama Olímpica, una pena.    

Carlos Ramírez.

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